Hacer malabares en Cuaresma
Hacer malabares en Cuaresma
La Cuaresma es un tiempo para lanzar al aire: el ayuno, la limosna y la oración. Estos tres deben estar en acción simultáneamente para que la "actuación" funcione. No se puede actuar solo con uno o dos. Además, se trata de lanzarlos hacia arriba porque van dirigidos a Dios. Mi esposa Susana, viendo a Paul Ponce, "el malabarista de Dios", comentó: "Su actuación (especialmente la de los hijos, que interactuaban entre ellos) me hace pensar en la importancia de no apropiarnos de nada, sino saber entregar (lanzar). Ese constante recibir y dar es clave". No hablamos solo de cosas materiales, sino de actos, palabras o nuestros propios sueños y deseos.
Primera maza: Limosna, la brújula que marca el Norte
La palabra "limosna" deriva de la raíz griega "éleos", que significa misericordia de Dios. La limosna tiene para nosotros un sentido peyorativo. ¿Damos limosna a nuestros hijos, nuestras esposas? ¿O más bien se nos invita a darnos, a dar nuestra vida? Darnos sin sentirnos superiores es lo único que hace justicia a cualquier hombre.
Cuando te desprendes de algo, empiezas a ser dueño de ti mismo; de lo contrario, son las cosas las que te poseen. A mis alumnos, de una generación egoísta (*), les hago sacar sus botellas de agua y verter un poco en la palma de la mano para que vean plásticamente cómo se pierde cuando se cierra el puño.
Sabemos que el Señor da el ciento por uno, pero hasta que no se vive la experiencia, no cala. ¿De mi tiempo, de mis talentos, de mi economía, qué voy a lanzar arriba? Solo lo tiene que ver Dios; lo puedes lanzar como más te guste, más o menos alto, con más o menos intensidad, pero solo Dios debe verlo. Me ayuda siempre recordar Mateo 25 (Lo que hacéis con unos de estos pequeños...) y Mateo 10, 7 (Dad gratis lo que gratis habéis recibido…)
Segunda maza: La oración, el walkie-talkie
Es tiempo de lanzar nuestro grito a Dios. Cada vez que volaba una maza entre Pablo, José y Lilí, había un grito fuerte: "¡Hey!", que se coordina con el movimiento de lanzar. Con el Salmo 18, 30 gritamos: "Fiado en ti, me meto en la refriega, fiado en mi Dios, asalto la muralla".
Esto es una batalla, un combate espiritual, porque aquí no se trata de realizar ninguna acción, sino de entrar en nosotros mismos, de ser nosotros en el Corazón de Dios. Y como no sabemos orar como conviene, nuestra carne se queja hasta que, por fin, el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad y gime con sonidos inefables (Rom 8, 26).
En la oración, sentimos que perdemos el tiempo... Entonces vamos bien: hay que sentir que pierdes muchas cosas, entre ellas el tiempo, porque nada es nuestro. ¿Has perdido tiempo con los demás? Sin embargo, con Dios nunca se pierde; podemos intentar que nuestras pérdidas de tiempo con los demás sean tiempos con Dios. Recuerdo -otra vez- Mat 25, 40.
En la oración se juega todo, porque allí se discierne qué limosna, qué ayuno y qué oración quiere Dios de ti. No te desesperes si no ves frutos. ¡Estamos en el Jubileo de la Esperanza! ¡Hay Esperanza, Francisco! (**)
Tercera maza: El ayuno, el mapa
El ayuno es el mapa del equipo de exploración; me indica el terreno por el que me muevo, en el que tiro las mazas. Debo moverme libre de obstáculos. Está de moda el ayuno intermitente para mejorar la salud. El ayuno también nos reporta beneficios a la salud física y espiritual, pero no se trata de definir nuestro "músculo espiritual".
Se trata de ver lo poca cosa que somos y ser más humildes, "andando en Verdad". El ayuno es uno de los primeros mandamientos que da Dios: "No comerás del árbol del conocimiento del bien y del mal" (Gén 2,17), según San Juan Crisóstomo. San Basilio dice que el auténtico ayuno no es solo privarnos de alimento, sino privarnos de pecado.
Yo personalmente me decantaría por ayunar de hacer lo que me gusta y hacer lo que quiere mi mujer o mis hijos. Lo que adelgaza muchísimo el ego (que es, al final, el quid de la cuestión) es dejar de quejarse y dejar de hablar de otros. Al menos, intentarlo y quedarnos en ocho pecados diarios, ya que el justo peca siete.
Dos requisitos finales para hacer estos malabares
Hay que hacerlo todo a escondidas. Dios está escondido y nosotros debemos escondernos con él. "Entra en tu cuarto y cierra la puerta" (Mat 6, 6); "que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha" (Mat 6, 3).
Hay que hacerlo todo con alegría. "Cuando ayunes, perfúmate y lávate la cara" (Mat 6, 17).
Con este equipo de mazas o equipo de exploración, como quieras llamarlo, estamos invitados a ir por territorios inexplorados de nuestra vida y la vida de nuestra alma.
Dinámica
Está muy clara: jugar al escondite.
Escribe en pañuelos de tela de malabares las palabras "limosna", "ayuno" y "oración".
Esconde las palabras en casa y organiza una búsqueda.
Una vez encontrados los objetos, lanza al aire la tríada y práctica la que cojas.
(*) Espero que no te hayas dejado engañar pensando que nuestra generación fue menos egoísta...
(**) El día 12 de febrero pude decir estas palabras al Papa cuando salía del Aula Pablo VI y pasaba a escasos metros.
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